Ya no tienes miedo

Si hay algo que ha caracterizado tu vida ha sido el miedo. Lo reflejaban tus ojos la última vez que te vi, pidiéndome ayuda a través del cristal de la ventana.

Y cuando volví a por ti, te habías ido a un mundo mejor, donde nadie te hiciese daño.

Has sido el primer ser vivo que he visto venir al mundo. Tu madre te parió en el cajón de mi cómoda, junto a tus dos hermanos. Cuando te cogí en mi mano parecías una ratilla negra y blanca y ya supe que te ibas a quedar. De todos los gatos que he tenido, has sido la que única que puedo considerar mía, pues ese era tu nombre: Mia. 

Has estado conmigo durante cinco años, te he llevado de casa en casa en todas mis mudanzas, viendo como crecía nuestra familia felina y humana. Pero cada vez sentías más miedo. Solo confiabas en mí.

Eras la única que se quedaba conmigo por la noche. Discreta, solo saltabas a la cama cuando creías que estaba dormida. Buscabas mis huesos doloridos para arrimarte y curarme con tu ronroneo.

Jugabas a ser madre, a pesar de estar esterilizada, y adoptaste mis guantes, que ibas sacando uno a uno del armario. Conservo tus preferidos, esos blancos con puño de piel, donde se pueden ver tus arañazos. Posiblemente te recordaban a tu madre, toda blanca.

Ojalá hayas encontrado ese mundo en el que no temes nada. Deseo que seas feliz, que te mimen y no tengas que esconderte ni escapar. Espérame, te buscaré.