VIDA DE GATOS

Aún recuerdo el día en que comenzó mi nueva vida, cuando fui a vivir con Carmen, al sitio que ahora es mi hogar.

Era un día lluvioso y Laura me acompañó a la casa. Le contó a Carmen todo lo relacionado conmigo, incluso le dijo que no debía comer demasiado porque era muy ansiosa y tenía tendencia a engordar.

Ese último comentario  hizo que mi comida fuese escasa pero, por lo demás, mi vida era completa: tenía un lugar cálido donde dormir, comía todos los días y me trataban con cariño.

Me podía considerar feliz si no hubiese sido por los ratos en los que Carmen salía de casa y me dejaba sola y yo me dedicaba a buscar algo con qué jugar y revolvía los armarios buscando cualquier utensilio divertido. Esos días Carmen se enfadaba mucho conmigo al volver y, a veces, me dejaba encerrada en una habitación para que no hiciese más trastadas.

Para evitar que me aburriese vino a vivir con nosotras un adolescente que se convirtió en mi peor pesadilla: me perseguía por toda la casa para que jugase con él, me quitaba la comida, competía conmigo en conseguir la atención de Carmen y hasta me despertaba por las noches muerto de miedo porque detectaba una presencia extraña que sólo él podía sentir.

Poco a poco fui educando al adolescente hasta que llegamos a un compromiso para poder jugar y descansar  a partes iguales y nos fuimos habituando a vivir juntos, aunque siempre le quedó ese miedo a la noche en la que veía una persona extraña que vigilaba la habitación en la que dormía Carmen.

Harta de estos episodios nocturnos decidí quedarme una noche a velar con él para demostrarle que lo que tanto le asustaba era un reflejo o cualquier sonido de una casa vecina. Apostados en el pasillo nos quedamos vigilando en la puerta de la habitación de Carmen hasta que vi lo que tanto asustaba a mi amigo: una figura traslúcida que velaba por nuestra cuidadora durante toda la noche y, contrariamente a lo que sentía el adolescente, no era nada peligroso ni maligno, sino que transmitía paz y serenidad.

A partir de ese día, fuimos cuatro en la casa: Carmen, el adolescente la presencia y yo y nos fuimos adaptando  a vivir juntos y felices porque las cosas hay que aceptarlas y no plantearse porque son así.

Y de esta forma Carmen se fue consolando por la pérdida de su esposo que, aunque había muerto, seguía junto a ella velándola para que durmiese tranquila y sintiéndose acompañada durante el día por el adolescente, un travieso gato siamés, y por mí, una gordita gata tricolor.

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2 respuesta a “VIDA DE GATOS”

  1. Rosa, una historia muy bonita. Me gusta el suspense que has creado y el giro del final, donde nos damos cuenta que los protagonistas son los gatos.

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